miércoles, 30 de diciembre de 2009

Permanente Estado de Inseguridad

El orden internacional cambió tras los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001, la ocupación militar de Iraq o la política de seguridad seguida por el gobierno de George W. Bush.

Dichos acontecimientos no supusieron un retorno a una situación de inseguridad, sino más bien una reafirmación de la misma. En este sentido, ciertos autores afirman que: “La inseguridad, evidente tras 2001, que estaba también presente después del fin de la guerra fría, evolucionó bajo el efecto de nuevas amenazas y de un ejercicio del poder transformado. El terrorismo y la guerra preventiva representan de este modo dos caras de una sola y misma dinámica.

Según Charles-Philippe cinco pueden ser las posibles causas que den respuesta a la referida permanencia del estado de inseguridad en la esfera internacional:
(i) El reflejo tradicional del “dilema de la seguridad”.
(ii) La nueva amenaza no estatal del terrorismo internacional.
(iii) El resurgimiento de la hegemonía estadounidense y su afirmación del derecho a la guerra preventiva.
(iv) La quiebra de algunos Estados como acelerador de violencia.
(v) La marginación del Derecho Internacional.

Respecto del “dilema de la seguridad”, la incertidumbre de la amenaza que conduce a la elaboración de medidas de protección y coerción es netamente tradicional. Sin embargo, la novedad reside en el hecho de que a partir de los atentados del 11-S, la amenaza ya no es estatal, sino transnacional. Surgen nuevas entidades, con nuevos fines y nuevos planteamientos, con una dimensión nihilista, motivadas, entre otras cuestiones, por las de tipo religioso, que utilizan actos terroristas masivos aprovechando la vulnerabilidad de los países. Por tanto, se trata de un terrorismo distinto del tradicional, flexible y sin residencia fija, que se aprovecha de la mundialización, así como de la permeabilidad de las fronteras y la debilidad de la soberanía de los Estados. Este tipo de terrorismo refuerza la idea de la aleatoriedad del miedo, favoreciendo el orden westfaliano (existente desde la firma de los Tratados de Paz de 1648 que culminan con la afirmación de la soberanía nacional y no injerencia), así como la aplicación de políticas de seguridad territorial y militar.

Efectivamente, esto enlaza con la reafirmación en Estados Unidos de la seguridad nacional y la penetración del concepto de “seguridad interior”. Los atentados revelaron la vulnerabilidad de la superpotencia estadounidense, lo que supuso una nueva toma de conciencia de la dimensión territorial en el pensamiento securitario. La amenaza terrorista conllevó un incremento en la seguridad del territorio, dando un nuevo impulso a las políticas y a las atribuciones de la seguridad nacional del gobierno de Estados Unidos. De esta manera, la seguridad interior transformó el aparato de seguridad nacional estadounidense, al igual que en 1947 cuando se reorganizó dicho aparato para adaptar el país a los peligros del comunismo. Este enfoque de la seguridad nacional por el temor a que Al Qaeda utilizara otra vez la permeabilidad de sus fronteras quedó plasmado en la “National Security Strategy for the United States” firmada por George W. Bush en septiembre de 2002. En definitiva aconteció un cambio de paradigma: “from warfighting to crimefighting”, destinándose ingentes cantidades de recursos a la vigilancia policial y de fronteras, a pesar de la baja probabilidad de un atentado terrorista, no siendo Al Qaeda la única amenaza grave para la seguridad de Estados Unidos.

Dentro de esta política exterior de la administración Bush, puede destacarse la relevancia de la guerra preventiva, que si bien no es un concepto nuevo, ha supuesto una transformación de la sociedad internacional. Estados Unidos rompió con el gobierno de George W. Bush su política multilateralista construida después de 1945, siendo la principal consigna del citado presidente la guerra preventiva, que se encuentra fuera del marco del Derecho Internacional al exceder los requisitos legalmente exigidos a un ataque llevado a cabo en legítima defensa. No se trata de una “guerra necesaria”, sino de una “guerra de elección” basada en una apreciación subjetiva e incierta de la amenaza. Esta guerra preventiva también se contempló en la anteriormente mencionada “National Security Strategy for the United States”.

Otro punto es que tras el 11-S el gobierno de Bush redescubrió la vinculación entre Estado en quiebra y terrorismo, convirtiendo a los Estados Fallidos en el desafío más importante de la comunidad internacional. En este sentido, Estados Unidos considera la promoción de la democracia como una de las piedras angulares de la lucha contra el terrorismo, al tratarse de un sistema político que aporta estabilidad y paz. Sin embargo, es necesario tener en cuenta que la democratización y el terrorismo pueden coexistir e incluso retroalimentarse como es el caso de la situación iraquí.

Tras los acontecimientos de 2001, la tensión entre una comunidad de Estados que desea un sistema legal internacional estable e igualitario y la política hegemónica, unilateral e ilegal llevado a cabo por Estados Unidos es patente, pudiendo citar entre algunos ejemplos el caso de la invasión de Iraq, que fue declarada ilegal por Kofi Annan en septiembre de 2004, o los sucesos de Abu Ghraib que escandalizaron a la sociedad internacional.

No obstante lo afirmado hasta este momento, hay que tener en cuenta que, tras la caída del Muro de Berlín en 1989, que supuso la ruptura estructural con el sistema bipolar (ejes Este-Oeste y Norte-Sur), la estructura global del nuevo sistema internacional, tal y como expresa José María Tortosa, siguiendo la línea teórica de Immanuel Wallerstein, es un mundo fragmentado en términos de poder, multi-polar, de naturaleza funcional heterogénea (militar, económica, ideológica) y no sometido a dinámicas pautadas o sujeto a reglas formales. En definitiva, es necesario tener en cuenta que el sistema internacional no parece estar re-estructurándose de un modo jerárquico vertical, de ahí que sea imprescindible tener en cuenta en el análisis del estado de inseguridad del sistema internacional lo que ocurre en otras regiones como pueden ser, entre otras, la Unión Europea, China o India.

Por otra parte, es necesario tener en cuenta además de un enfoque geopolítico de la seguridad, otras dimensiones. En este sentido, investigaciones como las realizadas por Naomi Klein dan cuenta de la dimensión económica que tiene la inseguridad que permite justificar la invasión de otro Estado sin respetar la soberanía nacional del mismo.

Finalmente, una reflexión interesante es determinar las implicaciones que los aspectos comentados han podido tener en las agendas internacionales de desarrollo y cooperación. Tal y como hemos comentado, a partir de 2001 Estados Unidos dedujo que existía una vinculación entre Estados frágiles y el auge del terrorismo, entendiendo que si se fortalecen estos Estados se previene la emergencia del terrorismo. Así si consultamos el III Plan Director de la Cooperación Española 2009-2012, encontramos dentro de la sección de contenidos temáticos, que es una prioridad horizontal la “gobernabilidad democrática”. Otro aspecto a resaltar es que dentro de las prioridades geográficas se encuentra Iraq, clasificado dentro del Grupo B de asociación focalizada.

De tal manera que la cooparación se está instrumentalizando y supenditando a intereses diferentes a la erradicación de la pobreza y desarrollo de capacidades y oportunidades para la población.

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