martes, 29 de diciembre de 2009

Las contradicciones del crecimiento de CHINA

Algnos intelectuales “progresistas” consideran que el proceso controlado de transformación de China es un modelo exitoso de desarrollo económico “socialista”, que ha dado lugar a un rápido crecimiento industrial y a una mejora de vida para la gran mayoría de las personas chinas. Sin embargo, el programa de reformas llevado a cabo por Deng Xiaoping, así como el resto de medidas que se han ido adoptando a posteriori, si bien han podido generar un rápido crecimiento, presentan grandes desequilibrios económicos y han creado una economía vulnerable a una posible crisis; al mismo tiempo que ha supuesto el deterioro de las condiciones de vida y de trabajo de la mayoría de la sociedad china.

Por tanto, extrapolar este modelo de desarrollo a otros países actualmente empobrecidos o en vías de desarrollo, o incluso tomarlo como alternativa al modelo neoliberal dominante, no es realista.

Efectivamente, existe el riesgo de caer en un análisis superficial de la situación y concluir que el Estado ha ido gestionando una estrategia de transición a través de distintas reformas de índole económico para conseguir un modelo de socialismo de mercado o una economía de mercado socialista, con el que se ha producido el sorprendente “despegue” del país, llegando a convertirse en uno de los dragones de la economía mundial, además de un país emergente al que se tiene en cuenta en el orden internacional. Sin embargo, tras este crecimiento del PIB y superávit del país subyace la existencia de una numerosísima mano de obra muy barata y cualificada que es el verdadero motor que engrasa esta maquinaria.

Efectivamente, el modelo chino ha generado un gran volumen de riqueza, pero adolece de una serie de problemas graves. Desde el punto de vista social, ha conllevado desempleo, una alarmante situación de desigualdad entre rentas, deterioro de las condiciones de trabajo, pérdida de la red de protección social y degradación del sistema educativo. Desde una visión estrictamente económica, el sistema económico no es estable, ni equilibrado, existiendo una serie de problemas estructurales que están desencadenando en los últimos años protestas sociales focalizadas, que tal vez en un futuro terminen organizándose.

En definitiva, afirmar que el modelo de crecimiento de China es todo un éxito ignora la existencia de un descontento popular, un proletariado industrial explotado, una masiva población campesina sin apenas recursos y en definitiva, una sociedad de absoluta y creciente inequidad y desigualdad. Cuestiones todas ellas que si no son abordadas con madurez y responsabilidad por las personas que gobiernan China, representan un elevado riesgo de inestabilidad social y conflictividad futura.

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