Tanto y rápido es el día que amanecerá
la cuchara de música mental no cesa
de acudir como tormenta de pelos alborotados;
el punto de un final de vida sin pensar:
eso es la lógica.
Pero...¡basta de fingir sinsentidos!
porque quiero sentir y vibrar
al son de tu guitarra.
Tócame con amor, cuan si instrumento afinaras;
el resonar de un sueño
que se muere porque no ama.
Busca, busca, busca la irrealidad
de la vida, de las cosas, de palabras
que leiste y que suenan tan bonitas.
Hoy es el último día
del dolor de tripas.
Lo prometo, porque no quiero cumplir
lo que digo, ya que no sé vivir.
Inconsciencia, ¡ábrete! y trepa
por las ramas de mi lado más oscuro.
¿Por qué me fijo en la luna llena?
¿Me mira con sentido de profundidad
o sólo es el vano intento de encontrar
otra mirada que se fije en ese astro,
que es mi propia apariencia?
Ser más, de animal racional convertida.
Sufrir, por un mañana inesperado.
Y vivir, el día siempre en suspenso.
Porque sufro y quiero que me duela.
Reventar de la realidad que no sabe
cómo llegar al alma,
que vaga perdida por el ancho firmamento
de lágrimas esmeralda de una paranoia.
Alma bohemia influida por las corrientes,
marinas de agua.
Collar atado a una cadena de pensamientos:
¿Es un sinsentido la vida
o es el sinsentido lo que adoro vivir?
Aparentar que soy cuando siento
que debajo de una bella máscara
sólo hay podredumbre que resplandece
a los ojos de los extraños, pero que retumba
en mi interior. Araña mis entrañas
porque son risas ajenas de felicidades vecinas
que se escuchan tras las paredes
de cartón del corazón.
Fin al sinsentido que continuará
por siempre.
Lo más irónico es que yo soy
feliz, porque soy masoquista.
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